Diversas, pero iguales por @AmparoRubiales

A lo largo de mi vida, privilegiada porque accedí a una educación que no lograban las mujeres de mi generación, veía las muchas injusticias que nos rodeaban; la vida era así: ricos, pobres y sus mujeres sumisas; se hacía caridad y beneficencia, a la que hoy nos vuelven; hay que ayudar a quien lo precisa y existen muchas necesidades, pero sin confundirlas nunca con los derechos sociales. Sin embargo, lo que más me indignó siempre fue la constatación de que había una injusticia transversal que afectaba a todas las mujeres por el hecho de haber nacido con esta condición; nuestra función era sólo la de ser esposas y madres; las que más tenían sufrían menos, pero a todas se nos discriminaba por lo mismo; había algunas, pocas, que escapaban a la regla; la explicación siempre era la misma: las mujeres y los hombres son distintos; algo, por otra parte, evidente, pero no por eso teníamos que ser desiguales.

Nadie elige dónde ni cómo nace; hay que intentar que la vida, demasiado dura, no condicione nuestra existencia; somos la mitad de la humanidad y tenemos derecho a la igualdad; luego supe que existía un movimiento, el feminista, que peleaba por los derechos de las mujeres; ya en 1793 una mujer, Olympia de Gouges, fue guillotinada, un 3 de noviembre, por ser girondina, defensora del Estado federado y autora de la Declaración de los derechos de la mujer y de la ciudadana, de los que se habían olvidado los revolucionarios franceses; hoy no guillotinan, pero maltratan, de palabra y obra, a demasiadas mujeres.

Algo parecido ocurre con la historia de los pueblos, naciones o ciudades que, siendo todos distintos, quieren ser iguales; la diversidad no significa desigualdad y, aunque parezca una obviedad, hay que seguir repitiéndolo; la construcción de esta Europa que, de nuevo, tan mal va, fue una idea para, entre otras cosas, acabar con esas luchas fratricidas que la desangraron durante siglos, porque todos se sabían diversos y querían dominar a los otros.

Para superar los enfrentamientos entre territorios nació el federalismo, que busca reconocer la diversidad y hacerla compatible con la igualdad en derechos; hay muchos federalismos, mejores y peores, como muchos feminismos, pero la esencia es la misma. En nuestra convulsa historia, el periodo más pacífico y duradero se inició con la Constitución de 1978, y, tras el referéndum andaluz, con la consolidación del Estado de las autonomías, casi federal, pero queda completarlo, con consenso, para hacerlo más eficaz. De la crisis saldremos mejor si conseguimos una España federal en una Europa que también lo sea. Andalucía seguirá siendo diversa, igual y mejor.

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