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Infancia, juventud y primera militancia

Infancia

No se puede entender el temprano compromiso de Alfonso Perales con la cultura de la izquierda política, sin tener en cuenta sus orígenes familiares. Nació el 19 de julio de 1954, en el seno de una familia alcalaína marcada por la Guerra Civil y la represión franquista.
Pertenecía a los “vencidos”. Su tío materno, Francisco Pizarro, un zapatero anarcosindicalista, fue uno de los “desaparecidos” en Alcalá y su tío paterno, Juan Perales, también sería víctima de la cárcel y la represión por esta misma militancia en la CNT. Su familia en general, su madre en particular, influiría de manera fundamental para que Alfonso desde muy joven se comprometiera en su afán por una sociedad más justa.
Esta cultura antifranquista vivida, y sus tempranas lecturas, más en la órbita del anarquismo que del socialismo, fueron los dos factores fundamentales que favorecieron su predisposición a incorporarse tempranamente a la lucha contra la Dictadura.

Juventud

El enlace clave para adquirir la militancia política se lo dio un electricista sevillano –Antonio Guerrero-, que llegó a Alcalá de los Gazules a principios de los años setenta, para trabajar en un conjunto de viviendas que se estaban construyendo en el pueblo.
Guerrero contacta con un grupo de jóvenes alcalaínos, entre los que estaban los hermanos Perales, los hermanos Blancos, Luis Pizarro, Juan José Ruiz, Gomez Periñán, Daniel Vázquez (…) y les facilita la dirección del despacho de abogados laboralistas de Sevilla en el que trabajaban Felipe González, Rafael Escuredo, Ana María Ruiz Tagle y otros militantes socialistas. Cuando este grupo se traslada a Cádiz por razones de estudios y de trabajo, no tardarían en enlazar con otros dos militantes socialistas –Pablo Juliá e Isabel Pozuelo-. (…)
Precisamente en representación de este reducido grupo de militantes –unos veinte- Alfonso Perales viaja a Francia en el mes de octubre de 1974 para asistir en Suresnes, (…) al XIII Congreso del PSOE en el exilio. Por primera vez, desde el año 1939, se decidía elegir una Comisión Ejecutiva formada enteramente por militantes que vivían en el interior de España, excepto el Secretario de Emigración, y dentro de la misma, Felipe González –“Isidoro”- quedó proclamado Primer Secretario del Partido.
La estancia de Alfonso Perales en este trascendental Congreso –fue “nuestro hombre en Suresnes”, (…) –resultó vital para asentar sus convicciones ideológicas.
Cuando en los medios universitarios gaditanos y españoles, el compromiso político pasaba por los diferentes partidos comunistas o por la izquierda más radical y cuando el movimiento obrero de clase se movilizaba a través de Comisiones Obreras o el sindicalismo de origen cristiano de la USO, el que un grupo de estudiantes alcalaínos decidiera vincularse a unas siglas que parecían pertenecer ya plenamente al pasado y a la Historia, sólo podía entenderse como una intuición contracorriente, ciertamente arriesgada y en la que muchos no creían. Sin embargo, el tiempo les daría la razón.

Primera militancia

Con este compromiso político, Alfonso Perales también sentiría personalmente la represión de un régimen que estaba en sus últimos estertores, pero que todavía, antes de fenecer, daría muestra de su permanente crueldad.
Estudiaba Filosofía y Letras en Cádiz cuando los alumnos del Colegio Universitario decidieron celebrar a principios de mayo de 1975 una asamblea en la que él participaba activamente, hasta que la dirección del centro pidió la intervención de la policía que, cuando llega, provoca el final apresurado de la reunión.
Ya estaba “fichado” por la Brigada Político-Social, por lo que a la semana siguiente, después de realizar un viaje en autobús al Campo de Gibraltar acompañado de Pablo Juliá, al llegar a La Línea le estaba esperando la Policía, que procedía a la detención de ambos. (…)
Alfonso Perales no tardaría en ser liberado, pero “marcado” por su activismo político, perdió la prórroga al servicio militar, que tenía por sus estudios y tuvo que incorporarse rápidamente a filas, de aquí que la muerte de Franco le cogiera de recluta, haciendo el campamento en Córdoba.
Los meses de la “mili” le apartaron temporalmente de la vida política, precisamente cuando comenzaba la Transición y los distintos partidos y sindicatos empezaron a construir afanosamente sus estructuras orgánicas (…).
Esta situación, dejaría a Alfonso Perales circunstancialmente al margen del primer Comité Provincial que forma el PSOE de Cádiz. Un alejamiento que no tardaría mucho, porque nada más cumplir el servicio militar, a su vuelta, era elegido Secretario Provincial del Partido, un cargo al que dedicaría todo su tiempo.
Tenía como principales retos, culminar la expansión orgánica del Partido en la provincia, conseguir los mejores candidatos para las elecciones municipales convocadas para el 3 de abril de 1979 y preparar la “maquinaria electoral” para las segundas elecciones generales de la democracia, previstas para el 1 de marzo, un mes antes de las locales. El primer objetivo fue plenamente conseguido. Cádiz fue la única provincia de Andalucía en la que el PSOE pudo presentar candidaturas en todos los municipios que la formaban, algo que ni siquiera pudo conseguir la UCD, que era entonces el Partido del Gobierno de la Nación. (…).
Por primera vez y pese a su juventud –tenía 24 años- iba formando parte de la candidatura que el PSOE presentaba al Congreso de Diputados por la provincia y que desde 1977 lideraba Manuel Chaves. Pese a que ocupaba el cuarto puesto de la lista, las encuestas previas parecían asegurarle el escaño. No obstante, la irrupción del andalucismo con una fuerte campaña basada en el agravio comparativo y el “voto del miedo” que la UCD agitó en su propaganda, provocaron que el Partido Socialista perdiera uno de los cuatro puestos que tenía, pese a volver a ganar las elecciones en Cádiz, que la UCD mantuviera los dos que ya poseía y que el PSA lograra por primera y única vez en la historia dos actas de diputado.
Fue una decepción que le hizo volcarse aún más en el trabajo orgánico, sobre todo después de que el debate sobre el tema del “marxismo” en la definición ideológica del Partido abriera una crisis interna, (…). Resuelto el problema ideológico con una nueva ponencia política, el Congreso procedió a elegir una nueva Comisión Ejecutiva, en la que Felipe González volvía a ocupar la Secretaría General. (…).
Los llamados “críticos” quedaron claramente en minoría, pero lo más importante fue que con sus conclusiones, el Congreso Extraordinario proyectó claramente sobre la sociedad española algunas imágenes que resultarían de vital importancia para el futuro del PSOE. En primer lugar, que la fraseología revolucionaria y los métodos cuasi asamblearios ya no tenían cabida en el Partido. En segundo lugar, que Felipe González era efectivamente el líder incontestado de los socialistas y, en tercer lugar, que las ideas marxistas apenas eran postuladas por un quince por ciento del Partido frente a una clara mayoría que ostentaba ya sin fisuras la dirección de la organización.

Extracto de "Alfonso Perales, Notas para una biografía política", de Diego Caro Cancela, Alfonso Perales, amigo, PSOE-A Comisión Ejecutiva Provincial de Cádiz, 2006.

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